Cuando uno inicia esta maravillosa aventura de ser maestro, se imagina que este término incluye muchas cosas. Sabe que no es solo se va a convertir, como dice la RAE, en una “persona que enseña una ciencia, arte u oficio”. Ya cuando fuimos alumnos vimos que había algo más. Pero está claro que nuestro bajo punto de vista, por ser pequeños supongo, nos impedía ver toda la realidad. Y así, poco a poco, vamos aprendiendo más tareas que incluye el término maestro y, sin que nadie te lo hubiera avisado, uno se da cuenta que como dice @maestradepueblo “Doy clase, hago recreos, corrijo cuadernos, me coordino, atiendo a padres, programo en casa, me formo en mi tiempo libre, ...”. Esos puntos suspensivos son eternos, pero no hay espacio en este blog para enumerarlos todos.

Es cierto que estas tareas podrían hacer a un maestro novel abandonar. También es cierto que las enumeradas son quizás las más tediosas dentro de nuestra profesión. Pero uno que tiene vocación, fé, o no se sabe qué, sigue avanzando. Y empieza a descubrir ese largo etcétera  

 

En mi experiencia ya me había topado con muchas de ellas, seguro que aún me faltan muchas. Ya aprendí, sí, un maestro también aprende, que además de enseñar y de todo ese papeleo, soy afortunado porque gracias a mi trabajo a veces también soy: enfermero, niño, coreógrafo, diseñador, actor, dibujante, psicólogo, cuentacuentos, mago, … y con todos esos oficios eventuales he disfrutado, he crecido como persona y me he enamorado aún más de esta profesión.

Pero este curso me he dado cuenta de un detalle. Pensaba que al salir del equipo directivo, por un curso, y centrarme al 100% en la tutoría iba a disfrutar aún más de todas las acepciones completas de esta gran palabra, MAESTRO. Y lo he hecho, pero todo lo que había ido descubriendo en estos años estaba enfocado a los alumnos, ¡cómo debe ser!, que por algo son los que le dan sentido a nuestra profesión.

 

Pues hay un detalle que no sé cuando empecé a trabajar, que no recuerdo en qué momento de mi carrera surge, pero que ahora tengo claro que también debemos cuidarlo. Nunca lo pretendí, pero al parecer hubo también un momento en el que no solo enseñaba a los alumnos, también enseñaba a los maestros. ¿Un maestro enseñando a otro maestro?

 

Es algo que en los centros se hace, todos vamos aprendiendo cosas de algún compañero y todos en algún momento enseñamos algo a los demás. Uno lo hace con naturalidad, o al menos en mi caso es así. Ayudo al novato de turno, este año novata, entre otras cosas de la forma en que me hubiera gustado que conmigo lo hicieran, que uno en su momento también fue Maestro de Pueblo con L de Novato.

 

Pues esto es algo que se hace, se ha venido haciendo y se hará. Pero cuidémoslo, no lo dejemos al azar. Si es reconfortante ver como evolucionan tus alumnos, no lo es menos observar como lo hacen los compañeros, porque ello redundará aún más en los protagonistas del cole.

 

En este último año he valorado aún más el valor de compartir experiencias, de contar proyectos y pensamientos entre los docentes. Algo ahora imparable, si de las redes sociales hacemos un buen uso los maestros. Este año yo he vivido en primera persona como alguien en la clase de al lado es capaz de progresar, mejorar y evolucionar para completar su propia acepción de MAESTRA. No sé, no pretendo saber, ni se puede evaluar con objetividad cuanto puede uno ayudar en la distancia, no es fácil. Pero uno sí ve que es posible ayudar al de al lado, uno más o menos puede valorar si esa colaboración le ha sido útil.

 

Si es cierto que llegar a ese claustro virtual es posible, no lo es menos que no se debe descuidar el claustro real, el de carne y hueso. Ayudemos a los compañeros, sobretodo a los que llegan algo perdidos o aturdidos tras su brusco aterrizaje a la realidad de un colegio. No instruyamos, pero sí compartamos nuestra experiencia. Veremos como buenos maestros se desarrollan a nuestro lado. Y no pretendamos nada, no esperemos algo a cambio, no queramos evaluar nuestra ayuda, simplemente disfrutemos del placer de ser partícipes en el desarrollo profesional del compañero, disfrutemos de una acepción más de las que ocultaba una de las palabras más hermosas de nuestra lengua, MAESTRO.


 

PD.- Y a esos maestros novatos, les digo una cosa… que no esperemos nada a cambio, no quiere decir que no se agradezca un feedback explícito. Que parece de obligado cumplimiento el regalo del alumno o clase al maestro y es rara avis el presente entre compañeros. El humilde maestro que escribe quizás no se dió cuenta de lo aquí relatado, de no ser porque @Estheritabm se lo recordó con algo quizás simbólico, pero muy clarificador. No lo describo, veanlo...