No, no me he equivocado. He dicho en el título que empezó con LA Galileo, y he dicho bien. Porque no me refiero a que todo empezase con el físico, astrónomo y mil cosas más que iniciara toda una revolución a finales del XVI, no me remonto tan atrás. Me refiero a cuando empezó a cambiar todo en mí, en este humilde maestro y de eso hace menos, mucho menos.

La revolución interna que llevaría a este maestro el curso pasado a tomar el papel de Maestro Mallo, tiene su origen hace ahora dos años. Ya era un maestro algo inconformista, ya estaba convencido de que había que tomar otro camino en la enseñanza, ya había intentado algo, pero la realidad que me iba rodeando no era precisamente favorable para las nuevas metodologías y los cambios.

Un maestro con una cierta ilusión interna pero invadido de un gran pesimismo se lanzaba a un curso de UIMP en Valencia. La gente hablaba bien de esas oportunidades de formación y mejor aún de una forma de conocer a nuevos compañeros. La temática de la actividad, Mobile-learning y sobretodo esa oportunidad de ampliar mi claustro me permitía darme una nueva oportunidad. Y allá fuimos… a La Galileo, la residencia Galileo Galilei que rea sede de este encuentro.

Y el encuentro fue toda una revelación. Encontré unos ponentes geniales con ganas de trasladarnos casos reales, cosas que de verdad funcionaban en el aula y se podían llevar a cabo. Unas más cercanas y otras más lejanas a mi realidad, pero todas tan viables que ya se habían puesto en marcha. Encontré a más de 60 docentes con ganas de cambiar la educación, con inquietudes por trabajar de otra forma con nuestros alumnos y eso par mí fue una revelación, ¡NO ESTÁBAMOS SOLOS!, tal vez me consideraba hasta entonces una isla, pero había muchas más islas y si se van juntando el poder aumentaría. Encontré entre ellos a algunos que quedarán en mi particular claustro para toda la vida: Pepe Luis, Nuria y Bibiano. Con ellos además comprobé que lo de trabajar en equipo entre docentes no era un mito, era una realidad, una maravillosa realidad.

 

Creo que nunca agradeceré a la UIMP y a La Galileo lo que allí aprendí, pero sobretodo lo que abrieron mi mente de cara al futuro. Sin ellos el Maestro Mallo nunca hubiera emergido de mi interior.